viernes, 27 de junio de 2014

Deterioro cognitivo en el adulto mayor.

Fotografía: portalesmedicos.com
Es claro que con el aumento de la edad se produce una serie de “declives” naturales en muchas funciones. Solo en la vejez, la memoria se convierte en un aspecto destacado por pasar a ser un elemento de juicio; mientras que durante la juventud estos fallos de memoria se entienden como algo circunstancial, en los ancianos se consideran como algo interno y estable. Esto puede resultar un gran costo ya que, si las personas mayores prescinden de actividades mentales estimulantes e enriquecedoras, se puede producir un declive acelerado.
Hay un envejecer sano y otro patológico, pero los límites entre ambos realmente resulta difíciles de establecer. El envejecer patológico no permite a la persona llegar con pleno uso de sus facultades a la edad avanzada, pero el sano tampoco, ya que en muchos casos se presentan anormalidades en diversas habilidades cognitivas, mentales y hasta funcionales. Por ejemplo, un individuo con enfermedad de Alzhéimer presenta alteraciones cognitivas en la memoria, atención, funciones ejecutivas y velocidad de procesamiento de la información, pero también el anciano sano presenta alteraciones de este tipo, por lo que establecer la línea de corte entre el sano y el enfermo es de gran dificultad.
Sin embargo, cabe decir que durante el envejecimiento normal no se ven deteriorados ni el recuerdo de los sucesos lejanos, ni el conocimiento del mundo acumulado a lo largo de su historia, así como las habilidades que se han practicado mucho.
Recuperado de:

jueves, 26 de junio de 2014

Paradigma del adulto mayor


Un paradigma es una forma que utilizamos las personas para darle sentido a nuestro mundo, son una especie de lentes que nos permiten ver nuestra realidad y darle sentido a las situaciones que nos ocurren.
Un paradigma se conforma según Kielhofner (2006, citado por Puig y Rubio 2011) de:
  1. Conceptos teóricos fundamentados en la comunidad científica.
  2. Una visión focal o compartida por la sociedad.
  3. Valores o convicciones profundamente arraigados que nos responden a la pregunta ¿cómo se deben hacer las cosas?
Los paradigmas son una forma que nos permite diferenciar lo correcto y incorrecto al momento de actuar y pensar. Sin embargo, traen consigo una profunda atadura que nos ciega cuando  aparecen situaciones que no podemos responder usando ese mismo patrón o cuando éste choca con la perspectiva de alguien más.
La visión actual del adulto mayor está sufriendo una crisis paradigmática, es decir, el paradigma que se utilizó en años anteriores es insuficiente para explicar al adulto mayor de hoy en día.
Siguiendo el modelo de Kielhofner, el paradigma del envejecimiento partió del conocimiento teórico o científico que, desde el inicios del siglo XX hasta exactamente 1950, se encargó de instaurarlo como un déficit del ser humano. Las investigaciones de médicos y psicólogos, que utilizaban como método una comparación injusta entre adultos mayores y personas jóvenes, terminaron identificando al envejecimiento como una patología o una enfermedad, más que como un proceso del ciclo vital (Pérez, 2011).
Desde Kielhofner, el siguiente paso sería la visión social que apoyaba ese paradigma, y es que desde la mitología, el hombre siempre rehuyó a envejecer. Basta pensar en las historias sobre la fuente de la eterna juventud o la piedra filosofal que brindaban la inmortalidad (Pérez, 2011).
El último apartado le corresponde a los valores o las convicciones que se tienen sobre el adulto mayor, estas son fácilmente observables cuando vemos programas de televisión que muestran adultos mayores como inútiles en su medio social.
Actualmente, el paradigma de vejez como sinónimo de decrepitud ya no es aceptable y es incompatible con los adultos mayores saludables y activos que buscan un envejecimiento exitoso.
Es necesario comenzar a hacer cambios a ese paradigma que durante muchos años imperó, buscar espacios para que el adulto mayor conviva con personas de todas las edades es parte del cambio. Cada uno debe empezar a actuar en base a un nuevo paradigma: el envejecimiento es un proceso de la vida, así como la infancia y adolescencia, que posee ventajas y desventajas que pueden desarrollarse para sacarles el máximo provecho.
El trabajo para los profesionales es informarse acerca del nuevo paradigma, pero es menester del adulto mayor demostrar que la vejez es una etapa de plenitud.

Fuentes:

Pérez, R. (2011) La construcción subjetiva del envejecimiento. Proyecto de vida e imaginario social en la clínica psicológica con mayores. 279-300. Compilador: Quintanar, F. (2011) Atención psicológica de las personas mayores. México.
Puig, G. y Rubio, J. (2011). Manual de Resiliencia aplicada. España. Gedisa.

martes, 24 de junio de 2014

Jubilación


 Al hablar de jubilación la entendemos como la “prestación salarial y situación social que conlleva el cese de la etapa laboral” (Buitrago, 2010) y esta se ofrece en base a un criterio conocido como edad cronológica, es decir, según la edad de la persona.
  El problema de este criterio radica en asumir que todas las personas de la misma edad poseen las mismas capacidades, habilidades y competencias. Esto por supuesto es falso, de modo que muchos adultos mayores son perfectamente capaces de continuar con sus actividades laborales.
  Algunas personas pueden pasar la jubilación como un momento de crisis al afectar directamente su autoestima o su rol social, esto a causa de haber limitado sus intereses únicamente al desarrollo laborar sin pensar en sus actividades culturales, recreativas y personales (Buitrago, 2010).
  Una de las metas del adulto mayor es adaptarse al proceso de jubilación y para aligerar lo que puede convertirse en una crisis hay varios cosas que podemos hacer:
  1. Ejercitar todos nuestros intereses independientes al trabajo. Desarrollar actividades de nuestra vida cotidiana que no estén relacionados con nuestra vida laboral nos permite recurrir a ellas incluso en la jubilación.
  2. Checar nuestro estado de salud. La vejez no debe ser vista como sinónimo de enfermedad, sin embargo, es mejor no postergar la visita al médico para una consulta.
  3. Pongamos atención a nuestra situación emocional y psicológica. La mayoría de los criterios relacionados con el envejecimiento exitoso tienen que ver con nuestro aspecto psicológico.
  4. Sigamos aprendiendo nuevas cosas. Nunca es tarde para aprender, el nivel educativo y mantenerse estudiando siempre es un factor que protege contra el deterioro cognitivo.
 Estos cuatro puntos han sido adaptados del artículo de Francisco Buitrago (véase en referencias).
Fuente:
Buitrago, F., (2010) Prepararse para la jubilación. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 45 (4), 239-240.

sábado, 21 de junio de 2014

¿Cómo desarrollar un encuentro intergeneracional?

Fotografía: Encuentro Intergeneracional URP - CAM de San Isidro
Uno de los objetivos que se persigue al momento de querer crear cultura del envejecimiento consiste en fomentar la conciencia en las personas de diferentes edades sobre una certeza negada: estamos envejeciendo y este proceso es parte de nuestro propio curso vital. Una de las formas de promover esta idea es con la convivencia de grupos de diversas edades donde se encuentren adultos mayores, denominados encuentros intergeneracionales.
  Cuando en un mismo espacio se encuentran adultos mayores y niños se satisfacen necesidades en ambos, primero, se motiva a que los mayores puedan fluir y se atrevan a jugar, actividad de la que se han ido alejando dado que existe un temor a parecer infantil. Jugar se debe hacer a todas las edades y los adultos mayores que participan en actividades con niños se permiten hacerlo.
  Por otro lado, los niños que participan con adultos mayores sacian su instinto curioso, conocen un cuerpo distinto al suyo, con arrugas, si, pero que los invita sentirse cómodos con palabras dulces y tratos amables, sin los regaños o recompensas que otorgan los adultos jóvenes por un buen comportamiento, sino con un aprecio sin condiciones que puede estar motivado por las reminiscencias placenteras sobre los hijos o la propia infancia que los pequeños despiertan en ellos.
  Hoy en día, cuando se piense en un evento se tiene que pensar en las inter-generaciones. Nunca habían podido convivir cuatro generaciones en una misma sociedad y por lo tanto no estamos acostumbrados a ello; por lo tanto es nuestro papel generar espacios incluyentes el día de hoy, que permitan a los jóvenes pensar en su envejecer y a los mayores transmitir su serenidad. ¡Cuando hagamos un evento hagámoslo intergeneracional!
  Es importante que haya lugares para que cada grupo de edad conviva con sus pares; son necesarios los clubes para adultos mayores pero no significa que deban estar alejados o relegados por la sociedad. Los grupos que se crean con integrantes de edades similares tienen muchos beneficios, pero cuando son incluyentes se genera un clima de calidad imposible de obtener de ninguna otra forma. Como ejemplo basta el pensar en una reunión familiar con los nietos, los padres, los abuelos y ahora también los bisnietos; esas tertulias son capaces de generar satisfacción y plenitud en los mayores, así como seguridad y confort en los más jóvenes.
  Para realizar un evento intergeneracional te ofrezco los siguientes cinco consejos que te ayudarán para aprovecharlo al máximo y generar un clima motivante para todos los participantes:
  • Indispensable: que haya grupos de diversas edades. En estos eventos se deben de incluir personas de diferentes edades: niños, adolescentes, adultos jóvenes, adultos maduros y personas mayores. Si puede haber representantes de todas las edades será lo mejor, pero son indispensables por lo menos dos grupos de edad.
  • Diseña actividades a la medida. Las personas de diversas edades tienen capacidades distintas los unos de los otros, aprovecha las ventajas de unos y adapta las áreas de dificultad de los demás. Las mejores dinámicas son las que tienen consignas sencillas y que puedan realizarse sin ningún entrenamiento previo, por ejemplo, será difícil querer introducir un juego nuevo de cartas en un evento de este tipo.
  • Busca el espacio adecuado. Esto es referente al espacio físico, hay muchos detalles a considerar. Es preferible que sea en una superficie plana, que no haya escaleras ni desniveles. Debe de haber baños cerca y estar bien iluminado. Si se puede contar con un equipo de sonido para ambientar con música o dar instrucciones generales estará perfecto.
  • Prepara alimentos y bebidas. Las actividades se vuelven más amenas si se puede compartir alguna golosina o un sándwich, también agua fresca para compartir.
  • Haz un regalo simbólico. La convivencia que se generó merece preservarse en un objeto físico simbólico, vale la pena que se elabore un pequeño detalle que se intercambie entre los grupos de diversas edades. Si puede ser algún dibujo o un tejido que se haya realizado por la propia persona será lo ideal, no se trata de hacer un regalo costoso, sino que simbolice la actitud de gratitud y la necesidad de dar a los demás algo propio.

Agradecimientos especiales.
Muchas gracias a todo el equipo del CAM de San Isidro, al Profesor Licenciado Dante Gazzolo Durand y a la psicóloga del Centro del Adulto Mayor, que sin su ayuda esto no hubiera sido posible.
Nota importante.
Para mayor información visitar el siguiente enlace: http://www.essalud.gob.pe/adulto-mayor/

jueves, 19 de junio de 2014

Factores de riesgo en el envejecimiento


Si buscamos envejecer de manera óptima debemos poner atención a las siguientes cuestiones:
  • Pensamiento dicotómico. Esto se refiere al hecho de no encontrar puntos medios, todo es blanco o negro. Una de las problemáticas de este tipo de pensamiento es el hecho de llevarlo al extremo “todo o nada”, es decir, el joven lo tiene todo y el adulto mayor no tiene nada. Es necesario saber equilibrar las ventajas y desventajas del envejecer.
  • Falta de proyectos. Un proyecto de vida le otorga sentido a la misma, “generalmente, que la vida en la veje pierda su sentido tiene que ver con toda una vida sin sentido” (Zarebski). Nunca es tarde para construir un proyecto de vida.
  • Sentido de vida único. ¡Ojo aquí! Este punto no contradice al anterior, lo que sucede es que en la medida que vamos tomando nuestros roles en la vida comenzamos a priorizar unos pocos y dejamos de vivir el presente: ya todo es el trabajo, sólo vivo para ser padre (madre), la escuela es mi único placer, etc. Sucede que si depositamos todo el sentido de nuestra vida en una sola faceta de nosotros mismos, es sencillo que cuando este se termine quedemos pasmados y confundidos. De modo que hay que cultivar distintos sentidos de vida.
  • Falta de creatividad. Es cierto que las personas tenemos formas preferidas de resolver nuestras acontecimientos diarios: siempre buscamos ayuda de alguien más, preferimos huir cuando suceden cosas que no nos gustan, elegimos siempre la forma más complicada de actuar… el punto aquí es ser flexibles y desarrollar nuestra creatividad para resolver los aconteceres diarios, de modo que siempre tengamos una alternativa novedosa.
  Aquí hay cuatro factores que pueden evitar que envejezcamos de manera normal, llevándonos a presentar cierto desgane o generar hábitos inconvenientes para nuestra salud. ¡Conocerlos y compartirlos es una forma de prevenir!
Fuentes:
Zarebski, G. Envejecimiento normal y trabajo preventivo. El trabajo psíquico del envejecer. Universidad Maimónides. Buenos Aires, Argentina.

martes, 17 de junio de 2014

Proyecto de vida para el adulto mayor

Desarrollar un proyecto de vida es una capacidad que poseemos todas las personas independientemente de nuestra edad. Es una capacidad tan propia del adulto mayor como de cualquier otro grupo de edad, solamente deberá plantearse de una forma distinta pero al final, la meta de conseguir darle un sentido a nuestros días será tan válida e imprescindible para la persona mayor como para cualquier otra.
  Es imposible pensar en ofrecer una receta para desarrollar un proyecto de vida propio, esta es una tarea ardua, compleja e individual que puede darse únicamente a través de un proceso de reflexión personal que indague en los propios gustos, preferencias, deseos y sueños. Es una empresa personal que nos puede llevar a rememorar antiguos hábitos y placeres de la adolescencia o enfrascarnos en nuevas tareas y anhelos poco explorados.
  La tarea se complica principalmente por los prejuicios sociales que existen ante el envejecimiento. Por un lado, las personas a nuestro alrededor podrían pensar dada la edad avanzada de una persona esta debería alejarse de cultivar nuevos pasatiempos y diversiones, a pesar de ello la barrera más arraigada que tenemos para llevarlo a cabo es el prejuicio que uno mismo tenga de sí mismo por el hecho de haber llegado a la vejez. Este tipo de pensamientos erróneos y poco veraces pueden materializarse en frases como “a mi edad ¿ya para qué?”, “esas cosas son sólo para jóvenes”, “en mis tiempos era diferente”, y muchas otras.
  Cabe resaltar que este tipo de pensamientos negativos acerca de mi propia vejez están asociados a un rendimiento más bajo en tareas intelectuales y pueden ir acompañados de pensamientos de depresión y tristeza que es necesario erradicar. Mientras más capaz se sienta una persona mayor de llevar a cabo una tarea, mejor será su desempeño en ella y a esto le llamamos autoeficacia. Por lo tanto, para desarrollar un proyecto de vida personal primero debemos sentirnos capaces de emprenderlo sin importar la edad.
  Para el adulto mayor, aunque se presenta como un gran reto, es indispensable para poder sumarle calidad de vida, bienestar y satisfacción a su existencia. Un proyecto de vida ayuda a los adultos mayores a ejercer un vínculo más saludable con el resto de su familia y generar nuevas relaciones, pues ayuda a mantener un estilo de vida activo, que además es unos de los factores esenciales para un envejecimiento exitoso.
  Siempre que se emprende una tarea como desarrollar un proyecto de vida nos toparemos con pensamientos que traten de alejarnos de cumplirlo, esto es casi seguro dado que empezamos a salir de la zona de confort. Lo importante es darnos cuenta de estos pensamientos y tratar de ver que son irracionales y podemos superarlos. Si se puede involucrar a más personas en este proceso será muy benéfico dado que podremos discutir sobre estas creencias arraigadas, se ha tenido toda una vida para cultivarlas y puede causar cierta incomodidad dar un giro hacia la novedad. Hay una consigna que podemos repetir cuando nos encontremos en dificultades y queriendo abandonar nuestro proyecto de vida y es: ¡Ser mayor es construir un proyecto de vida!
  Aquí hay algunos consejos para comenzar a construir un proyecto de vida para el adulto mayor:
  1. Considérate capaz. Es cierto que algunas de las capacidades físicas del adulto mayor pueden estar comprometidas, aun así realiza el ejercicio de pensar “¿en qué porcentaje puedo realizar esta tarea?” Tal vez no sea un 100% pero seguro que se aleja mucho del 0.
  2. Comienza despacio pero constante. Si para tu proyecto de vida haz elegido retomar alguna actividad que hacías con mucho placer durante años pasados, puedes toparte con que ahora se ha vuelto más complicada y esto te lleve a sucumbir. Cuando suceda esto recuerda que es parte de un proceso re-aprender nuestros los viejos hábitos.
  3. Involucra a la familia. Si los seres cercanos son consientes de un nuevo placer en la vida del abuelo(a), será más sencillo involucrarlos en la tarea, por ejemplo armando un árbol genealógico familiar. Incluso si es un proyecto muy personal e individual poder compartirlo siempre traerá un halo de motivación.
  4. Disfruta el proceso. El proyecto de vida no es una meta en sí misma, el camino que se recorre durante su elaboración es lo más rico y debe disfrutarse en grande.

Fuentes:

Flores, M. (2011) El dispositivo grupal: elemento para generar un proyecto de vida en la tercera edad. Quintanar, F. (2011) Atención psicológica de las personas mayores. México. 
Moragas, R., (2004) Gerontología social. España: Herder.
Pérez, R. (2011) La construcción subjetiva del envejecimiento. Proyecto de vida e imaginario social en la clínica psicológica con mayores. Quintanar, F. (2011) Atención psicológica de las personas mayores. México. 

sábado, 14 de junio de 2014

¿Cual es la principal problemática a la que se enfrenta hoy el adulto mayor?


Yo creo que el adulto mayor hoy lo principal que tiene enfrente es un entorno una sociedad que le es hostil desde todo punto de vista: desde medidas administrativas como puede ser el retiro del mercado laboral, como es el diseño urbanístico de las ciudades, como es el sistema de atención médica, los servicios de salud donde la arquitectura puede ser una barrera pero también lo es la forma administrativa en la cual está planteada por ejemplo la consulta con el médico, con el psicólogo, con el terapeuta ocupacional.
  En la medida que los seres humanos rehusamos la idea de envejecer, evitamos las acciones que pudieran crear ambientes accesibles para todas las edades. Esto es simple: si la visión que tengo es que durante todo el curso de mi vida seré joven y activo ¿para qué preocuparme en instalar rampas, barandales, puertas amplias o evitar poner desniveles (por citar algunos sencillos ejemplos).
  «El punto de quiebre de la persona es el momento en el que pierde la autonomía, es eso que muchas veces hablamos de la rectangularización de la curva de sobrevida, o sea, lograr que esa persona hasta el último día de su vida sea independiente, sea autónoma. Hoy sabemos que en algunos países la expectativa de vida es de 76 años; cerca de 73-72 según el sexo van a ser en autonomía total pero va a haber un periodo en los últimos dos años-tres años según los países y las poblaciones donde va a estar en situación de dependencia. ¡Ahí está el gran desafío! Porque es un quiebre muy importante para la identidad de la persona y al mismo tiempo es una demanda que le presenta al sistema de protección social en el cuál está viviendo.»
  Es en el momento en que hemos perdido nuestra independencia y autonomía, cuando nuestra visión narcisista no puede enfrentar la prueba de realidad.
“El adulto mayor hoy lo principal que tiene enfrente es un entorno una sociedad que le es hostil desde todo punto de vista”

jueves, 12 de junio de 2014

Autoestima en el adulto mayor

La sociedad actual posee una tendencia muy marcada a sobrevalorar condiciones como la juventud y lo novedoso, en este ambiente donde la estética está definida por rasgos propios de un adulto maduro el concepto de envejecimiento es generalmente rechazado e incluso negado. Este panorama pudiera resultar poco alentador para los adultos mayores de hoy y, sin embargo, nos topamos con personas que pueden llegar a un envejecimiento activo y exitoso. ¿Por qué? Sin lugar a dudas por la autoestima, una autoestima saludable es indispensable, aunque no suficiente, para envejecer exitosamente.
  La autoestima es uno de los pilares que nos permite tener una visión positiva de nosotros mismos a pesar de nuestros defectos e imperfecciones. Sin embargo, debe estar fundamentada en valores adecuados; si nuestra autoestima depende únicamente de cuestiones como cuánto recibo de mi pensión o cuánto reconocimiento recibo de los demás, entonces la estaré sustentando en cuestiones frágiles que, muchas veces, están fuera de nuestro control.
  Podemos generar un nuevo tipo de autoestima que no dependa de posesiones materiales, bienes económicos, el grado de autonomía que aun poseo o del reconocimiento externo, claro que todas estas cosas son preferibles, pero si nuestra autoestima depende de ellas, el día que falten y me encuentre en una situación más frágil o con algún tipo de dependencia, mi autoestima podría sufrir una grave crisis.
  Adulto mayor, la autoestima que se debe procurar es aquella que depende de una aceptación incondicional de uno mismo. Aceptarnos tal cual somos, reconociendo algunas limitaciones propias de la edad y enfrentando los nuevos desafíos que se nos presentan con serenidad y la experiencia de vida. Si basamos nuestra valía personal por el mero hecho de estar vivos entonces habremos llegado al grado de aceptación incondicional de uno mismo y esa es la verdadera autoestima. Los psicólogos Carl Rogers y Albert Ellis escribieron mucho sobre esta actitud hacia uno mismo.
  Aquí les dejo algunos consejos que pueden servir para desarrollar la nueva autoestima en el adulto mayor:
  • Realiza meditación. Existen técnicas de meditación que nos permiten cultivar amor y aceptación incondicional a uno mismo. Hoy en día, hay muchos instructores capacitados en este tipo de técnicas que se emplean por psicólogos pero también e instructores certificados de disciplinas como yoga y taichí; además hay muchos libros, videos, audios y sitios en internet que nos pueden ayudar en esta tarea.
  • Desarrollar nuevas metas. Plantearse metas personales puede ayudar en esta tarea porque nos ayudan darnos cuenta de que lo importante de ellas no es llegar al final sino todo el camino recorrido. Procura realizar una actividad física en la cual el objetivo no sea la competencia sino trabajar uno mismo, por ejemplo, la caminata.
  • Contempla cada momento. Elige una actividad del día y realízala de forma que te percates de cada sensación, cada emoción y cada pensamiento que se atraviese por tu cabeza, a veces la vida nos pasa tan en automático que prestamos poca atención a los detalles, disfrutar de estas sensaciones nos permite convertirlos en instantes placenteros. Por ejemplo, tomando una taza de café mientras se despliega el periódico en nuestra sección favorita.
  • Fomenta la gratitud. Aceptarnos a nosotros mismos y darnos valor por el mero hecho de estar vivos implica poder agradecer por cada día, si dedicamos un momento de la mañana a dar gracias por este hecho, en lugar de reprenderle al destino por cada carencia que se apareció en nuestra vida, podremos vivir más plenamente.
  • Acepta a los demás. Si comienzas a darte cuenta de que tu valor como ser humano es incondicional, los demás merecen beneficiarse de esta actitud; tal vez no estés muy de acuerdo con las decisiones que toman los miembros de diferentes generaciones en la familia, pero aceptarlas y respetarlas te ayudará  a crear lazos y vínculos más estrechos con ellos.

martes, 10 de junio de 2014

Depresión, vínculos y envejecimiento


La relación que tiene la depresión con el envejecimiento está bastante estereotipada, es muy común pensar que los adultos mayores van a presentar siempre sentimientos de tristeza y añoranza por el pasado. Sin embargo, se puede abordar el tema con un nuevo paradigma: el adulto mayor generalmente es una persona sana y no tiene porque estar deprimida.
  Existe la creencia de que si una persona tiene pocos amigos o familiares será más propenso a estar deprimido, esto también es un mito. La cantidad de vínculos no es tan importante como la calidad de los mismos. La calidad de los vínculos para el adulto mayor está dada en base a la existencia apoyo y ayuda; no a una gran cantidad de personas cercanas (Carrasco, Herrera, Fernández y Barros, 2013).
  Investigadores en Santiago de Chile se propusieron determinar el efecto que tiene la estructura familiar actual en la aparición dequejas depresivas en adultos mayores de su comunidad, para ello entrevistaron a 394 personas mayores de 60 años que residían en la zona urbana que no presentaban deterioro cognitivo significativo (Carrasco, et al. 2013).
  Es importante conocer cualquier causa que propicie la aparición de la depresión, pues como remarcan los autores del estudio, la depresión es un factor limitante para el potencial del adulto mayor, pues se asocia en el deterioro de la calidad de vida, aumento de discapacidad y mayor riesgo de contraer otras enfermedades (Carrasco, et al. 2013).
  El estudio demuestra que la edad no está asociada con la depresión, a menos que se conjuguen con otras condiciones tales como: discapacidad, autopercepción de la salud y autoeficacia, pero estos resultados pueden aplicarse solo a personas que experimentan un envejecimiento normal (Carrasco, et al. 2013).
  La próxima vez que veamos a un adulto mayor con desánimo o que nosotros mismos presentemos algunos de los síntomas de la enfermedad (por ejemplo, desinterés en realizar actividades que antes disfrutábamos, pensamientos negativos sobre nosotros mismos o sobre el futuro) no se los atribuyamos a la edad, son focos rojos para buscar apoyo y hablar con alguien al respecto.
Fuente:
Carrasco, M., Herrera, S., Fernández, B., y Barros, C., (2013) Impacto del apoyo familiar en la presencia de quejas depresivas en personas mayores de Santiago de Chile. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 48 (1), 9-14.

sábado, 7 de junio de 2014

Familiares cuidadores

Una de las principales preocupaciones de una persona que cuida a un adulto mayor es si los cuidados que ofrece los hace de la manera correcta o si podría estar haciendo más por mejorar la vida de su familiar. Esto puedo ocasionar que se preocupe tanto porque los cuidados se hagan de una manera más profesional y se olvide de las necesidades afectivas de la persona, y es que muy por encima de que los cuidados se hagan con la técnica perfecta, los adultos mayores prefieren cuidadores afectuosos que ofrezcan un apoyo emocional.
  A veces pensamos que durante el proceso de envejecimiento es natural que los ánimos decaigan y afloren sentimientos de tristeza y soledad; esto no podría ser más erróneo. La tercera edad y la depresión procesos distintos y es negligente pensar que por el avanzar en los años uno se debe de deprimir. Cuando un cuidador detecta síntomas de depresión como sentimientos de tristeza, poco deseo de realizar las actividades que antes le resultaban placenteras o llanto inexplicable, debe de ponerse alerta.
  Aunque envejecer no es sinónimo de deprimirse, el adulto mayor experimenta algunas preocupaciones y temores que lo pueden llevar a cultivar este estado de ánimo. Por ejemplo, miedo a volverse cada vez más dependiente o a quedarse solo, sobre todo, tras la muerte del cónyuge. Por ello es tan relevante el papel del familiar cuidador, pues únicamente este es capaz de  ofrecer el apoyo emocional necesario para aliviar estos pensamientos que pueden desanimar a la persona añosa. Esto no implica desacreditar o descartar los servicios de asistencia profesionales (que son una gran herramienta si se puede acceder a ellos) si no de combinarlos con el cariño y confort que será difícil conseguir de parte de un cuidador formal que no tenga un vínculo afectivo con el adulto mayor al que cuida.
  Las personas somos seres sociales, siempre buscamos una red social a la que nos podamos integrar. Uno de los retos para el adulto mayor es buscar un nuevo grupo donde pueda conversar, compartir intereses y cultivar amistades. Generalmente, cuando como cuidador buscamos un servicio de cuidados para nuestro familiar este es uno de nuestros principales motivantes. Sin embargo, no debemos sobreestimar los efectos de una red social amplia pues incluso estando rodeado de una gran cantidad de personas podemos llegar a sentirnos solos.
  Cuando se trata de los vínculos y las relaciones interpersonales, en el adulto mayor la calidad puede llegar a pesar más que la cantidad. Por supuesto que trae tranquilidad saber que hay varias personas a las que se puede acudir en caso de una emergencia pero es reconfortante saber que contamos con al menos una persona en caso de que necesitemos ayuda más prolongada.
  Al hablar de vínculos, depresión y envejecimiento debemos tener claro el papel del cuidador que actuará como sensor para detectar posibles complicaciones que tengan que atenderse por profesionales de la salud en caso de ser necesario. Siempre es importante recordar que Ser Mayor es vivir a lo grande.
  En resumen para el cuidador: tal vez el apoyo que puedas ofrecerle a tu familiar tenga limitaciones en la técnica y el profesionalismo, sin embargo eres el único que puede otorgarle una sensación de apoyo, calidez y contacto emocional que prevenga síntomas de depresión y pensamientos de soledad, esto fomentará la calidad de vida y estrechará aún más tus vínculos afectivos con tu familiar.

jueves, 5 de junio de 2014

Inteligencia emocional en el adulto mayor


Cuando vemos a los adultos mayores de hoy nos damos cuenta lo lejos que están de aquellas concepciones estereotipadas sobre la inactividad y la tristeza. Es muy común ver a personas mayores saludables y activas, llevando a cabo algunos de los pasatiempos que no habían tenido tiempo para realizar o disfrutando de sus pasiones de antaño, abundan las personas mayores con estados de ánimo llenos de jovialidad y alegría que recuerdan el pasado no con nostalgia sino con placer.
Para hablar de estas personas que con los años siguen fomentando la actividad, la vida en plenitud y el desarrollo de su propio proyecto de vida, decimos que han cultivado un envejecimiento exitoso, que va más allá de solamente pensar en una vejez saludable pues involucra aspectos psicológicos, sociales y espirituales de la persona.
La pregunta que surge entonces es: ¿por qué algunas personas pueden envejecer exitosamente y otras desarrollan hábitos poco saludables? Sabemos que no existen recetas para la vida, pero sin duda parte de la respuesta a esta cuestión radica en la inteligencia emocional.
La inteligencia emocional involucra nuestra capacidad de reconocer y darle sentido a toda la maraña de sensaciones y emociones que nos invaden con el día a día. Aunque pareciera algo bastante sencillo, el poder darnos cuenta de las cosas que sentimos arrojará gran luz sobre cómo pensamos y actuamos, nos permitirá manejar de una forma más efectiva nuestra emocionalidad y explotar al máximo nuestra alegría, satisfacción y júbilo, mientras que nos dará herramientas para aceptar la tristeza, la ira y el dolor inherentes a estar vivo.
El conocer y manejar de forma adecuada nuestras emociones nos permite tener relaciones más satisfactorias con nuestros seres queridos, además de iniciar nuevas amistades. Nadie quiere ser el abuelo regañón que critica fuertemente las acciones de los nietos y que a la vez se queja de lo poco que lo visitan. Manejar con inteligencia las emociones nos permite vincularnos con los demás y evitar arranques de ira o estrés, como bien decía el filósofo griego Aristóteles refiriéndose a la serenidad necesaria para manejar las emociones y en este caso al enojo: “Enojarse es fácil, pero enojarse en la magnitud adecuada, con la persona adecuada, en el momento adecuado eso es cosa de sabios”.
La inteligencia emocional no es exclusiva de una edad, todos podemos desarrollarla en cierta medida, sin duda explorar nuestra emocionalidad nos lleva a recorrer caminos inhóspitos encontrando momentos que nos harán reír, llorar, recordar o disfrutar, pero el beneficio es grande: traerá efectos positivos en nuestra autoestima y conseguiremos extender una red de apoyo integrada por personas que estén gustosas de poder apoyarnos cuando lo necesitemos. Vivir desarrollando la inteligencia emocional es vivir en plenitud y nos ayuda a recordar que ¡Ser mayor es vivir a lo grande!
Aquí hay cinco consejos para el adulto mayor que quiera desarrollar su inteligencia emocional:
  1. Plasmar los sentimientos en palabras. Si queremos experimentar nuestras emociones de una forma más sana debemos ser capaces de expresarlas por medio del lenguaje. Expresemos las cosas que nos hacen disfrutar y también nuestros miedos; de este modo se puede gozar de una mayor serenidad.
  2. Ser flexibles. Las personas que son más flexibles consigo mismas y con los demás podrán disfrutar con mayor libertad de sus emociones, no se critican a sí mismas por ser firmes ni juzgan a los demás por actuar de forma distinta. Todos somos humanos y experimentaremos dichas, vergüenzas o decepciones de igual manera.
  3. Autocuestionarse. Las creencias muy rígidas pueden causarnos malestares emocionales, aquel que logra cuestionar sus pensamientos más arraigados puede desarrollar ampliamente su autoconocimiento. El adulto mayor puede preguntarse por ejemplo, ¿cómo deseo continuar mi vida? ¿cómo me gustaría ser recordado? ¿qué mensaje me gustaría darle a mis hijos y nietos?
  4. Adaptarse a los cambios. El envejecimiento involucra cambios, como todo proceso en la vida. Algunos de ellos podrán ser corregidos con aparatos de audición, lentes o un bastón, si aceptamos nuestro cuerpo como es no lucharemos con pensamientos tipo: “me veo viejo usando esos lentes” o “los bastones son para viejitos”.
  5. Desarrollar un proyecto de vida. Si deseamos tener inteligencia emocional, necesariamente debemos encontrar cosas que nos apasionen, para ello podemos desarrollar proyectos que sigan dando felicidad y sentido a cada uno de nuestros días. Las grandes personas requieren grandes proyectos de vida.

martes, 3 de junio de 2014


Al hablar de los cuidados paliativos tenemos que referirnos a la definición que ofrece la Organización Mundial de la Salud para poder desglosarla:
 «Los Cuidados Paliativos son un modo de abordar la enfermedad avanzada e incurable que pretende mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes que afrontan una enfermedad como de sus familias, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento a través de un diagnóstico precoz, una evaluación adecuada y el oportuno tratamiento del dolor y de otros problemas tanto físicos como psicosociales y espirituales.»
  Si los cuidados paliativos tienen como objetivo mejorar la calidad de vida entonces es necesario que tenga efecto sobre los factores que la conforman, que son la salud, el bienestar físico y psicológico, la autonomía, la participación social y las redes sociales o calidad ambiental (Elosua, 2010).
  Además, este tipo de cuidados deben de contextualizarse en el marco de la bioética descrito en 1979 por Beuchamp y Childress (citado por, Duaso, et al. 2009) que establece 4 principios:
  • Principio de no maleficencia (no dañar).
  • Principio de justicia.
  • Principio de autonomía (del paciente).
  • Principio de beneficencia (hacer el bien).
  Los componentes que deben garantizar los cuidados paliativos en adultos mayores y todos los grupos de edad son tres: 1) trabajo interdisciplinario en conjunto con el apoyo de los familiares y el paciente, no se debe desligar ningún eslabón de esta ecuación; 2)control de los síntomas, es fundamental escuchar a la persona que padece la enfermedad aún y cuando la comunicación se vuelva complicada con él; y 3) apoyo psico-social y espiritual; por ejemplo, dentro del grupo que atienda al enfermo puede incluirse un ministro de fe (citado de Urbano y Varela).
Fuentes:
Duaso, E., Cuadra, L., Capo, M., Llonch, M., Loutfi, S., Fragoso., Rodríguez, D., y Rey, A., (2009) ¿Qué hacer y qué no a lo largo del proceso demencial? Diálogo y Ayuda. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 44 (52), 15–21.
Elosua, P., (2010) Valores subjetivos de las dimensiones de calidad de vida en adultos mayores. Revista española de geriatría y gerontología. 45 (2), 67-71.
Urbano, E., y Varela, C., Cuidados Paliativos y enfermedades terminales. Especialización en psicogerontología. Universidad Maimónides. Buenos Aires.


sábado, 31 de mayo de 2014

Club de cine para el adulto mayor


El club de cine es una gran actividad para adultos mayores, a pesar de que puede no gozar de mucha fama dado su carácter pasivo. Sin embargo, esta pasividad para tomar un asiento junto al grupo puede ser en cierta medida reconfortante y tranquila.
  Lo primero es elegir una película adecuada para el grupo y con un objetivo claro. Por ejemplo, si deseas trabajar el tema de la relación entre el cuidador y el adulto mayor que requiere asistencia puedes ver la película “Amigos” de Olivier Nakache y Éric Toledano.
  Para realizar esta actividad es necesario contar con un espacio amplio y cómodo, las sillas deben de tener algún cojín que evite el cansancio de estar en una misma posición un par de horas, se puede utilizar un proyector y bocinas en lugar de una televisión, además hay que preparar aperitivos (de preferencia evitar las frituras y elegir una opción más saludable como frutas y líquidos). Siempre puede ser muy útil contar con un pizarrón y marcadores de colores, sobre todo para la segunda parte de la actividad en la que se comentarán algunos de los puntos importantes de la película.
  Lo primero es preparar a los participantes, involucrarlos en la elección de las películas dándoles una breve sinopsis. Las películas elegidas deben tratar algún tema que sea relevante para el adulto mayor y poder sacar el mayor provecho de ella, que no se quede solamente como una actividad de ocio y pase a la reflexión.
  Anuncia la película. Cuando se haya elegido el título es necesario anunciarla, que sepan qué película será. Muchas veces no tiene que ser un título nuevo, volver a ver un filme desde otra perspectiva también trae resultados positivos.
  Es momento de iniciar el club de cine. Pero aquí unas breves consideraciones sobre la reproducción del video: el sonido debe estar en un volumen muy adecuado que no moleste y es preferible que el audio sea en español para que aquellos a los que se les dificulta leer los subtítulos puedan disfrutarla también. En ocasiones hay quienes la acústica del espacio no les ayuda, sobre todo si utilizan algún aparato auditivo, en este caso es importante que aunque el audio sea en español, también se pongan los subtítulos en el mismo idioma.
  Una vez terminada la película es el momento de la reflexión. Se deben hacer preguntas sobre lo que acaban de ver, esto servirá para consolidar un poco los recuerdos en la memoria. Además, el hecho de que haya un moderador en el espacio les hace saber al grupo que habrá preguntas al final, por lo que prestarán más atención.
  La reflexión de una película puede ir en muchas directrices, se puede quedar en temas básicos como ¿cuál es el tema principal de la película? ¿qué mensaje quiere transmitir? ¿qué tal fueron las actuaciones de los personajes? Ó pueden irse a temas más intrapersonales ¿qué parecido hay entre el protagonista y yo? ¿he pasado por una situación similar al tema de la película? ¿qué puedo aprender de la película para aplicarlo a mi vida diaria?
  Terminando la reflexión pueden surgir espontáneamente otros títulos para volver a revisar, de ser así hay que apuntarlos, sino, se debe realizar una breve encuesta para saber si existe una película que les genere inquietud.

jueves, 29 de mayo de 2014

Los cinco pasos para mejorar mi percepción de la vejez

En un artículo clásico del profesor de la Universidad de Valencia Meléndez Moral (1998) se encuentra un modelo de trabajo paramejorar la percepción de los adultos mayores sobre su propio proceso de envejecimiento. El profesor hace notar la gran cantidad de etiquetas que se le atribuyen a las personas añosas que nos hacen incapaces de observar que aunque el envejecimiento puede ser un proceso de crisis, se puede sobrellevar con una imagen y autopercepción positiva de uno mismo. Por ello comenta lo siguiente:
“Las acciones de intervención, deben estar encaminadas, tanto al medio ambiente, como a los individuos y los grupos. Se deben promover las actividades que aumenten la autoestima, mejoren la autopercepción y estimulen el autoconcepto, y que socialmente signifiquen autorespeto”.
Meléndez Moral propone un programa de intervención de cinco módulos con objetivos específicos cada uno donde el adulto mayor pueda mejorar su autopercepción:

Módulo 1. Los recursos propios.

En el cual el adulto mayor generará una visión real sobre sus capacidades y limitaciones, sin caer en la exageración y fantasías que puedan poner en riesgo a la persona pero que tampoco se soslayen por prejuicios infundados.

Módulo 2. ¿Quién soy?

Se busca trabajar la posible concepción negativa que se tenga de la propia imagen y también reconocer los gustos, interés y sentimientos de todos los participantes con el fin de profundizar en la reflexión y conocimiento personal.

Módulo 3. ¿Hacia dónde puedo continuar?

Relacionado con el proyecto de vida del adulto mayor; donde se busca promover en cada persona la certeza de que en esta etapa de su curso vital es factible el desarrollo personal de sus intereses y motivaciones a pesar de la edad.

Módulo 4. Mis relaciones con los demás.

Donde el tema principal gira en la creación de un nuevo grupo de apoyo social, que reemplace las pérdidas que son una realidad y consecuencia lógica después de vivir muchos años.

Módulo 5. Mi lugar en el seno familiar.

La familia trae un gran apoyo social y emocional, es imprescindible que el adulto mayor puede reflexionar sobre el nuevo papel que juega en su grupo familiar.
Fuente: Meléndez, J., (1998) Programa de intervención para la mejora de la autopercepción en jubilados. Geriátrika. 14 (5), 261-264. 

martes, 27 de mayo de 2014

Asociaciones de Gerontología

González-Celis de la UNAM, para dar una justificación a su artículo de investigación sobre psicoterapia en el adulto mayor enuncia algunas de las principales organizaciones de gerontología en México y Estados Unidos.
  Los profesionales del área que desean estar actualizados en las nuevas tendencias y las últimas intervenciones para adultos mayores siempre deben referirse a las publicaciones de las organizaciones dedicadas a este rubro. Las asociaciones en Estados Unidos suelen publicar resultados con sus últimos avances en revistas especializadas.
  En este post solamente enunciaré estas organizaciones que citó González-Celis:
  • La Sociedad Gerontológica de América (The Gerontological Society of America, GSA) publica tres revistas: 1) The Journal of Gerontology, 2) Psychological Sciences and Social Sciences, y 3) The Gerontologist,
  • La Sociedad Americana sobre la Vejez (American Society on Aging,ASA).
  • Existe también una división de la Asociación Psicológica Americana (American  Psychology Association, APA) dedicada al tema: Division of Adult Development and Aging, que publica desde 1986 la revista Psicología y Envejecimiento (Psychology and Aging).
  • En México existe desde 1977 la Sociedad de Geriatría y Gerontología de México (GEMAC).
  • En 1984 aparece la Asociación Mexicana de Gerontología y Geriatría (AMGG).
  • Tanto la GEMAC como la AMGG pertenecen a la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría (International Association of Gerontology and Geriatrics, IAGG) que se encuentra adscrita a las Naciones Unidas desde 1978.
  • Finamente en 2009 aparece la SOGEMEX, Sociedad de Geriatras de México.
  Si se desea estar actualizado en el área se debe estar pendiente de los distintos eventos que organizan estas asociaciones. Es de destacar que las únicas revistas que menciona González-Celis en su publicación sean estadounidenses, esto habla de que aunque en llatinoamérica podemos organizarnos para crear las diversas instituciones carecemos todavía de la capacidad de formalizar revistas de investigación. Estar a la vanguardia implica pertenecer a estas asociaciones y estar pendientes de sus publicaciones.
Fuente:
González-Celis, A., (2013) Aportaciones de la terapia cognitivo-conductual y la calidad de vida en el adulto mayor. Cubillo, M., y Quintanar, F., y Por una cultura del envejecimiento. (pp. 54-70).  México.