sábado, 7 de junio de 2014

Familiares cuidadores

Una de las principales preocupaciones de una persona que cuida a un adulto mayor es si los cuidados que ofrece los hace de la manera correcta o si podría estar haciendo más por mejorar la vida de su familiar. Esto puedo ocasionar que se preocupe tanto porque los cuidados se hagan de una manera más profesional y se olvide de las necesidades afectivas de la persona, y es que muy por encima de que los cuidados se hagan con la técnica perfecta, los adultos mayores prefieren cuidadores afectuosos que ofrezcan un apoyo emocional.
  A veces pensamos que durante el proceso de envejecimiento es natural que los ánimos decaigan y afloren sentimientos de tristeza y soledad; esto no podría ser más erróneo. La tercera edad y la depresión procesos distintos y es negligente pensar que por el avanzar en los años uno se debe de deprimir. Cuando un cuidador detecta síntomas de depresión como sentimientos de tristeza, poco deseo de realizar las actividades que antes le resultaban placenteras o llanto inexplicable, debe de ponerse alerta.
  Aunque envejecer no es sinónimo de deprimirse, el adulto mayor experimenta algunas preocupaciones y temores que lo pueden llevar a cultivar este estado de ánimo. Por ejemplo, miedo a volverse cada vez más dependiente o a quedarse solo, sobre todo, tras la muerte del cónyuge. Por ello es tan relevante el papel del familiar cuidador, pues únicamente este es capaz de  ofrecer el apoyo emocional necesario para aliviar estos pensamientos que pueden desanimar a la persona añosa. Esto no implica desacreditar o descartar los servicios de asistencia profesionales (que son una gran herramienta si se puede acceder a ellos) si no de combinarlos con el cariño y confort que será difícil conseguir de parte de un cuidador formal que no tenga un vínculo afectivo con el adulto mayor al que cuida.
  Las personas somos seres sociales, siempre buscamos una red social a la que nos podamos integrar. Uno de los retos para el adulto mayor es buscar un nuevo grupo donde pueda conversar, compartir intereses y cultivar amistades. Generalmente, cuando como cuidador buscamos un servicio de cuidados para nuestro familiar este es uno de nuestros principales motivantes. Sin embargo, no debemos sobreestimar los efectos de una red social amplia pues incluso estando rodeado de una gran cantidad de personas podemos llegar a sentirnos solos.
  Cuando se trata de los vínculos y las relaciones interpersonales, en el adulto mayor la calidad puede llegar a pesar más que la cantidad. Por supuesto que trae tranquilidad saber que hay varias personas a las que se puede acudir en caso de una emergencia pero es reconfortante saber que contamos con al menos una persona en caso de que necesitemos ayuda más prolongada.
  Al hablar de vínculos, depresión y envejecimiento debemos tener claro el papel del cuidador que actuará como sensor para detectar posibles complicaciones que tengan que atenderse por profesionales de la salud en caso de ser necesario. Siempre es importante recordar que Ser Mayor es vivir a lo grande.
  En resumen para el cuidador: tal vez el apoyo que puedas ofrecerle a tu familiar tenga limitaciones en la técnica y el profesionalismo, sin embargo eres el único que puede otorgarle una sensación de apoyo, calidez y contacto emocional que prevenga síntomas de depresión y pensamientos de soledad, esto fomentará la calidad de vida y estrechará aún más tus vínculos afectivos con tu familiar.

jueves, 5 de junio de 2014

Inteligencia emocional en el adulto mayor


Cuando vemos a los adultos mayores de hoy nos damos cuenta lo lejos que están de aquellas concepciones estereotipadas sobre la inactividad y la tristeza. Es muy común ver a personas mayores saludables y activas, llevando a cabo algunos de los pasatiempos que no habían tenido tiempo para realizar o disfrutando de sus pasiones de antaño, abundan las personas mayores con estados de ánimo llenos de jovialidad y alegría que recuerdan el pasado no con nostalgia sino con placer.
Para hablar de estas personas que con los años siguen fomentando la actividad, la vida en plenitud y el desarrollo de su propio proyecto de vida, decimos que han cultivado un envejecimiento exitoso, que va más allá de solamente pensar en una vejez saludable pues involucra aspectos psicológicos, sociales y espirituales de la persona.
La pregunta que surge entonces es: ¿por qué algunas personas pueden envejecer exitosamente y otras desarrollan hábitos poco saludables? Sabemos que no existen recetas para la vida, pero sin duda parte de la respuesta a esta cuestión radica en la inteligencia emocional.
La inteligencia emocional involucra nuestra capacidad de reconocer y darle sentido a toda la maraña de sensaciones y emociones que nos invaden con el día a día. Aunque pareciera algo bastante sencillo, el poder darnos cuenta de las cosas que sentimos arrojará gran luz sobre cómo pensamos y actuamos, nos permitirá manejar de una forma más efectiva nuestra emocionalidad y explotar al máximo nuestra alegría, satisfacción y júbilo, mientras que nos dará herramientas para aceptar la tristeza, la ira y el dolor inherentes a estar vivo.
El conocer y manejar de forma adecuada nuestras emociones nos permite tener relaciones más satisfactorias con nuestros seres queridos, además de iniciar nuevas amistades. Nadie quiere ser el abuelo regañón que critica fuertemente las acciones de los nietos y que a la vez se queja de lo poco que lo visitan. Manejar con inteligencia las emociones nos permite vincularnos con los demás y evitar arranques de ira o estrés, como bien decía el filósofo griego Aristóteles refiriéndose a la serenidad necesaria para manejar las emociones y en este caso al enojo: “Enojarse es fácil, pero enojarse en la magnitud adecuada, con la persona adecuada, en el momento adecuado eso es cosa de sabios”.
La inteligencia emocional no es exclusiva de una edad, todos podemos desarrollarla en cierta medida, sin duda explorar nuestra emocionalidad nos lleva a recorrer caminos inhóspitos encontrando momentos que nos harán reír, llorar, recordar o disfrutar, pero el beneficio es grande: traerá efectos positivos en nuestra autoestima y conseguiremos extender una red de apoyo integrada por personas que estén gustosas de poder apoyarnos cuando lo necesitemos. Vivir desarrollando la inteligencia emocional es vivir en plenitud y nos ayuda a recordar que ¡Ser mayor es vivir a lo grande!
Aquí hay cinco consejos para el adulto mayor que quiera desarrollar su inteligencia emocional:
  1. Plasmar los sentimientos en palabras. Si queremos experimentar nuestras emociones de una forma más sana debemos ser capaces de expresarlas por medio del lenguaje. Expresemos las cosas que nos hacen disfrutar y también nuestros miedos; de este modo se puede gozar de una mayor serenidad.
  2. Ser flexibles. Las personas que son más flexibles consigo mismas y con los demás podrán disfrutar con mayor libertad de sus emociones, no se critican a sí mismas por ser firmes ni juzgan a los demás por actuar de forma distinta. Todos somos humanos y experimentaremos dichas, vergüenzas o decepciones de igual manera.
  3. Autocuestionarse. Las creencias muy rígidas pueden causarnos malestares emocionales, aquel que logra cuestionar sus pensamientos más arraigados puede desarrollar ampliamente su autoconocimiento. El adulto mayor puede preguntarse por ejemplo, ¿cómo deseo continuar mi vida? ¿cómo me gustaría ser recordado? ¿qué mensaje me gustaría darle a mis hijos y nietos?
  4. Adaptarse a los cambios. El envejecimiento involucra cambios, como todo proceso en la vida. Algunos de ellos podrán ser corregidos con aparatos de audición, lentes o un bastón, si aceptamos nuestro cuerpo como es no lucharemos con pensamientos tipo: “me veo viejo usando esos lentes” o “los bastones son para viejitos”.
  5. Desarrollar un proyecto de vida. Si deseamos tener inteligencia emocional, necesariamente debemos encontrar cosas que nos apasionen, para ello podemos desarrollar proyectos que sigan dando felicidad y sentido a cada uno de nuestros días. Las grandes personas requieren grandes proyectos de vida.

martes, 3 de junio de 2014


Al hablar de los cuidados paliativos tenemos que referirnos a la definición que ofrece la Organización Mundial de la Salud para poder desglosarla:
 «Los Cuidados Paliativos son un modo de abordar la enfermedad avanzada e incurable que pretende mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes que afrontan una enfermedad como de sus familias, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento a través de un diagnóstico precoz, una evaluación adecuada y el oportuno tratamiento del dolor y de otros problemas tanto físicos como psicosociales y espirituales.»
  Si los cuidados paliativos tienen como objetivo mejorar la calidad de vida entonces es necesario que tenga efecto sobre los factores que la conforman, que son la salud, el bienestar físico y psicológico, la autonomía, la participación social y las redes sociales o calidad ambiental (Elosua, 2010).
  Además, este tipo de cuidados deben de contextualizarse en el marco de la bioética descrito en 1979 por Beuchamp y Childress (citado por, Duaso, et al. 2009) que establece 4 principios:
  • Principio de no maleficencia (no dañar).
  • Principio de justicia.
  • Principio de autonomía (del paciente).
  • Principio de beneficencia (hacer el bien).
  Los componentes que deben garantizar los cuidados paliativos en adultos mayores y todos los grupos de edad son tres: 1) trabajo interdisciplinario en conjunto con el apoyo de los familiares y el paciente, no se debe desligar ningún eslabón de esta ecuación; 2)control de los síntomas, es fundamental escuchar a la persona que padece la enfermedad aún y cuando la comunicación se vuelva complicada con él; y 3) apoyo psico-social y espiritual; por ejemplo, dentro del grupo que atienda al enfermo puede incluirse un ministro de fe (citado de Urbano y Varela).
Fuentes:
Duaso, E., Cuadra, L., Capo, M., Llonch, M., Loutfi, S., Fragoso., Rodríguez, D., y Rey, A., (2009) ¿Qué hacer y qué no a lo largo del proceso demencial? Diálogo y Ayuda. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 44 (52), 15–21.
Elosua, P., (2010) Valores subjetivos de las dimensiones de calidad de vida en adultos mayores. Revista española de geriatría y gerontología. 45 (2), 67-71.
Urbano, E., y Varela, C., Cuidados Paliativos y enfermedades terminales. Especialización en psicogerontología. Universidad Maimónides. Buenos Aires.