Una de las tareas de un buen envejecer es el generar un estilo de vida satisfactorio con los miembros de toda la familia. Particularmente las mujeres mayores se enfrentan a severas dudas sobre cuál es su nuevo papel como madres de hijos e hijas ya muy entrados en la madurez. Las actividades y las actitudes que los adultos mayores deben tomar con sus hijos ahora no se encuentran tan establecidas como cuando eran más jóvenes.
El rol de la madre adulta mayor.
Cuando se adquiere el rol de madre con una hija pequeña es prácticamente universal que la persona actuará como protectora y le ofrecerá todo el cariño a la indefensa criatura, la cargará arropándola junto a su pecho y le ofrecerá alimento. Esta es una forma de actuar incluso instintiva. Pero ¿qué pasa cuando la madre se ha vuelto mayor y la hija es ahora toda una mujer con las responsabilidades y obligaciones propias de su edad?
Los miembros de una familia, desde los más jóvenes hasta los más grandes son independientes en muchos aspectos pero a la vez comparten cierta dependencia, sobre todo en el aspecto afectivo y generando una sólida red de apoyo.
Los miembros de una familia, desde los más jóvenes hasta los más grandes son independientes en muchos aspectos (p. ej. en la forma en que piensan o actúan), pero a la vez comparten cierta dependencia, sobre todo en el aspecto afectivo y generando una sólida red de apoyo. Los adultos mayores y los adultos jóvenes-maduros deben respetar que ambos son personas con un juicio crítico, capacidades de erigir sus propias soluciones y tomar sus propias decisiones, una relación familiar saludable entre diferentes grupos de edad es aquella que respeta la autonomía de cada uno.
Errores de la abuela.
Las abuelas que intentan arrebatar el rol de la madre en la crianza de los nietos estará, por un lado privándose de poder disfrutar de los niños quienes le hubieran podido asignar un rol conciliador en su familia y a la vez, procurándose una relación conflictiva con su hija, a la que con estas actitudes pareciera querer sobrepasar interviniendo en los castigos, recompensas y deberes que deben tener los pequeños, mermando así su autoridad.
¿Quién debe cuidar?
Hay dos motivos principales por la que estos cuidados se procuran; uno es el amor que se tiene por su madre o padre, el segundo es una cuestión de reciprocidad: tú me cuidaste entonces yo te cuido.
Los médicos geriatras establecen que cuando se llega a cierta edad (mayor de 80 años) ya existe cierta fragilidad debida a la edad avanzada. Es entonces cuando las hijas toman un papel más activo en los cuidados de su madre (el hecho de que en general sean más las cuidadoras mujeres que los varones que apoyan en esta área es un fenómeno cultural), hay dos motivos principales por la que estos cuidados se procuran; uno es el amor que se tiene por su madre o padre, el segundo es una cuestión de reciprocidad: tú me cuidaste entonces yo te cuido.
Si se trata, por ejemplo, de una madre muy cariñosa y afectuosa que dejó claro un amor incondicional por su hija, esto favorecerá la actitud de cuidado. Por otro lado, cuando hubo muchos conflictos y desentendidos el asunto es diferente; se comienzan a manejar ciertos rencores que pueden favorecer el maltrato de las personas mayores o la sobrecarga del cuidador. La última etapa del curso de la vida nos ofrece la oportunidad de crecer como personas, perdonar, cerrar duelos que no habían tenido oportunidad de trabajar y aceptar a mi familiar por cómo es y no por lo que esperábamos que fuera.
La última etapa del curso de la vida nos ofrece la oportunidad de crecer como personas, perdonar, cerrar duelos que no habían tenido oportunidad de trabajar y aceptar a mi familiar por cómo es y no por lo que esperábamos que fuera.
Si vivimos ofreciendo o recibiendo cuidados y deseamos convertir este proceso de la vida en una forma de aprendizaje y no en un suplicio, debemos fomentar una actitud de aceptación por la otra persona. Entender que esperar que cambie de manera espontánea será casi imposible, por lo que quien debe dar el primer paso (y tal vez el segundo y tercero) no es nadie más sino nosotros mismos. Madre mayor e hija, generen en ustedes mismas una actitud de conciliación, este será el primer paso para establecer una comunicación más productiva entre ambas.