viernes, 27 de junio de 2014

Deterioro cognitivo en el adulto mayor.

Fotografía: portalesmedicos.com
Es claro que con el aumento de la edad se produce una serie de “declives” naturales en muchas funciones. Solo en la vejez, la memoria se convierte en un aspecto destacado por pasar a ser un elemento de juicio; mientras que durante la juventud estos fallos de memoria se entienden como algo circunstancial, en los ancianos se consideran como algo interno y estable. Esto puede resultar un gran costo ya que, si las personas mayores prescinden de actividades mentales estimulantes e enriquecedoras, se puede producir un declive acelerado.
Hay un envejecer sano y otro patológico, pero los límites entre ambos realmente resulta difíciles de establecer. El envejecer patológico no permite a la persona llegar con pleno uso de sus facultades a la edad avanzada, pero el sano tampoco, ya que en muchos casos se presentan anormalidades en diversas habilidades cognitivas, mentales y hasta funcionales. Por ejemplo, un individuo con enfermedad de Alzhéimer presenta alteraciones cognitivas en la memoria, atención, funciones ejecutivas y velocidad de procesamiento de la información, pero también el anciano sano presenta alteraciones de este tipo, por lo que establecer la línea de corte entre el sano y el enfermo es de gran dificultad.
Sin embargo, cabe decir que durante el envejecimiento normal no se ven deteriorados ni el recuerdo de los sucesos lejanos, ni el conocimiento del mundo acumulado a lo largo de su historia, así como las habilidades que se han practicado mucho.
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jueves, 26 de junio de 2014

Paradigma del adulto mayor


Un paradigma es una forma que utilizamos las personas para darle sentido a nuestro mundo, son una especie de lentes que nos permiten ver nuestra realidad y darle sentido a las situaciones que nos ocurren.
Un paradigma se conforma según Kielhofner (2006, citado por Puig y Rubio 2011) de:
  1. Conceptos teóricos fundamentados en la comunidad científica.
  2. Una visión focal o compartida por la sociedad.
  3. Valores o convicciones profundamente arraigados que nos responden a la pregunta ¿cómo se deben hacer las cosas?
Los paradigmas son una forma que nos permite diferenciar lo correcto y incorrecto al momento de actuar y pensar. Sin embargo, traen consigo una profunda atadura que nos ciega cuando  aparecen situaciones que no podemos responder usando ese mismo patrón o cuando éste choca con la perspectiva de alguien más.
La visión actual del adulto mayor está sufriendo una crisis paradigmática, es decir, el paradigma que se utilizó en años anteriores es insuficiente para explicar al adulto mayor de hoy en día.
Siguiendo el modelo de Kielhofner, el paradigma del envejecimiento partió del conocimiento teórico o científico que, desde el inicios del siglo XX hasta exactamente 1950, se encargó de instaurarlo como un déficit del ser humano. Las investigaciones de médicos y psicólogos, que utilizaban como método una comparación injusta entre adultos mayores y personas jóvenes, terminaron identificando al envejecimiento como una patología o una enfermedad, más que como un proceso del ciclo vital (Pérez, 2011).
Desde Kielhofner, el siguiente paso sería la visión social que apoyaba ese paradigma, y es que desde la mitología, el hombre siempre rehuyó a envejecer. Basta pensar en las historias sobre la fuente de la eterna juventud o la piedra filosofal que brindaban la inmortalidad (Pérez, 2011).
El último apartado le corresponde a los valores o las convicciones que se tienen sobre el adulto mayor, estas son fácilmente observables cuando vemos programas de televisión que muestran adultos mayores como inútiles en su medio social.
Actualmente, el paradigma de vejez como sinónimo de decrepitud ya no es aceptable y es incompatible con los adultos mayores saludables y activos que buscan un envejecimiento exitoso.
Es necesario comenzar a hacer cambios a ese paradigma que durante muchos años imperó, buscar espacios para que el adulto mayor conviva con personas de todas las edades es parte del cambio. Cada uno debe empezar a actuar en base a un nuevo paradigma: el envejecimiento es un proceso de la vida, así como la infancia y adolescencia, que posee ventajas y desventajas que pueden desarrollarse para sacarles el máximo provecho.
El trabajo para los profesionales es informarse acerca del nuevo paradigma, pero es menester del adulto mayor demostrar que la vejez es una etapa de plenitud.

Fuentes:

Pérez, R. (2011) La construcción subjetiva del envejecimiento. Proyecto de vida e imaginario social en la clínica psicológica con mayores. 279-300. Compilador: Quintanar, F. (2011) Atención psicológica de las personas mayores. México.
Puig, G. y Rubio, J. (2011). Manual de Resiliencia aplicada. España. Gedisa.

martes, 24 de junio de 2014

Jubilación


 Al hablar de jubilación la entendemos como la “prestación salarial y situación social que conlleva el cese de la etapa laboral” (Buitrago, 2010) y esta se ofrece en base a un criterio conocido como edad cronológica, es decir, según la edad de la persona.
  El problema de este criterio radica en asumir que todas las personas de la misma edad poseen las mismas capacidades, habilidades y competencias. Esto por supuesto es falso, de modo que muchos adultos mayores son perfectamente capaces de continuar con sus actividades laborales.
  Algunas personas pueden pasar la jubilación como un momento de crisis al afectar directamente su autoestima o su rol social, esto a causa de haber limitado sus intereses únicamente al desarrollo laborar sin pensar en sus actividades culturales, recreativas y personales (Buitrago, 2010).
  Una de las metas del adulto mayor es adaptarse al proceso de jubilación y para aligerar lo que puede convertirse en una crisis hay varios cosas que podemos hacer:
  1. Ejercitar todos nuestros intereses independientes al trabajo. Desarrollar actividades de nuestra vida cotidiana que no estén relacionados con nuestra vida laboral nos permite recurrir a ellas incluso en la jubilación.
  2. Checar nuestro estado de salud. La vejez no debe ser vista como sinónimo de enfermedad, sin embargo, es mejor no postergar la visita al médico para una consulta.
  3. Pongamos atención a nuestra situación emocional y psicológica. La mayoría de los criterios relacionados con el envejecimiento exitoso tienen que ver con nuestro aspecto psicológico.
  4. Sigamos aprendiendo nuevas cosas. Nunca es tarde para aprender, el nivel educativo y mantenerse estudiando siempre es un factor que protege contra el deterioro cognitivo.
 Estos cuatro puntos han sido adaptados del artículo de Francisco Buitrago (véase en referencias).
Fuente:
Buitrago, F., (2010) Prepararse para la jubilación. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 45 (4), 239-240.