El Dr. José Buz Delgado de la Universidad de Salamanca (España) en su artículo titulado “Envejecimiento y soledad: la importancia de los factores sociales”, establece algunos de los principales preceptos sobre el fenómenos de la soledad, así como su definición y algunos de los resultados que han arrojado las investigaciones clásicas y actuales del tema. Aquí algunas de las conclusiones principales.
Una definición de soledad debe alcanzar las siguientes dimensiones: relaciones sociales, subjetividad dado que depende de las expectativas y percepciones del individuo (en su contexto y cultura), es una sensación desagradable y por lo tanto motiva a buscar una forma de aliviarla (Buz, 2013).
En su trabajo el doctor Buz cita el trabajo piones de Weiss (1973) en el que divide la soledad en dos tipos: 1) soledad emocional, relativo a las relaciones íntimas con personas cercanas; y 2) soledad social, referente a una carencia de una red social que satisfaga las necesidades del individuo. Ambos tipos de soledad requieren de un tipo de intervención diferente, mientas que la soledad social se puede satisfacer con las integración a un grupo social, las necesidades implícitas en la soledad emocional requieren una intervención clínica especializada (ibídem).
Otro par de conceptos relevantes para el tema de la soledad en el adulto mayor: 1) la red social, que es el grupo de personas con las que un individuo se mantiene en contacto; y 2) el apoyo social, que puede ser emocional o instrumental y es la parte funcional de la red social ya que ofrece cariño y afecto desde la parte emocional y ayuda en áreas prácticas de la vida cotidiana cuando se habla del apoyo instrumental.
Fuente:
Buz, J. (2013) Envejecimiento y soledad: la importancia de los factores sociales. Cubillo, M., y Quintanar, F., y Por una cultura del envejecimiento. (pp. 271-281). México.

